A las 13:00 horas del 20 de abril de 2015, fuimos varios las y los ciudadanos que nos reunimos en la esquina de la 5a. Calle y 6a. Avenida de la zona 1, a una cuadra de esta Plaza, para mostrar nuestra indignación frente al atropello de corrupción e impunidad del gobierno central de Guatemala. Nos reunimos, y seguimos haciéndolo, luego de trece semanas de protesta y resistencia social. Ninguna forma de poder ha podido callarnos ni detenernos, ni lo hará, porque la Historia nos está dando la razón.

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Estamos aquí, porque hemos decidido que los espacios públicos deben ser tomados por la soberanía popular. La calle, ese espacio público fundamental, es nuestro punto de partida, pero a la vez punto de encuentro, diálogo, intercambio, debate, expresión diversa, sonidos y presencia.

Es mentira que estas manifestaciones estén decayendo: se están transformando para ser más fuertes y profundas, que es algo muy distinto.

Quienes han provocado la corrupción y el empobrecimiento de este país, se han encargado de mediatizar informaciones que buscan confundir. Ya no saben cómo enfrentar lo inevitable: el crecimiento de la conciencia ciudadana colectiva. Porque esa concientización conlleva acciones múltiples y organización más grande, a la vez que no se construye desde posiciones cómodas y elitistas.

Como lo dicen varios carteles en las protestas de estas Jornadas: “Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”.

Y la resistencia es precisamente a esas argucias de los poderes del país, ante las cuales no cederemos ni un centímetro de dignidad.

Hoy, son trece semanas. Y serán las necesarias, cuantas deban de venir, para transformar Guatemala: eso lo aseguramos.

Porque son trece semanas sin personas acarreadas, sin manipular información, sin violencia, sin intereses de la partidocracia, sin verticalismos de falsas dirigencias, y con toda la decisión que este sea el inicio para transformar, desde lo polìtico y la organización social, el sistema estructural de este país.

No sólo se trata de combate abierto y claro a la corrupción, sino de dignidad como pueblos. Lo que significa que la indignación es uno de los motores, pero ya no es el único. Las protestas se profundizan todos los días: de la “¡renuncia ya!” hemos avanzado para decir “¡en estas condiciones no queremos elecciones!”. Y hemos ido comprendiendo que la horizontalidad demanda nuevas capacidades orgánicas, lo que nos ha permitido construir redes más fuertes que, hoy, a trece semanas de lucha y resistencia, las vemos más consistentes.

Claro que falta mucho, porque la acumulación de contradicciones y el proceso de organización en las luchas, son históricos. Los cambios no los veremos de inmediato. Sin embargo, nada ni nadie puede frenar esta avalancha ciudadana. Lograremos las transformaciones, seguro que sí.

Sígase y seguite sumando. Sigamos. Debatamos, expresémonos, salgamos de nuestros espacios reducidos, y formemos ese frente de ciudadanía que está en pleno tejido. La tradición y la ortodoxia de la partidocracia ya no podrá contra nosotros y nosotras, quienes hemos trascendido el ser actores políticas y políticos, a ser sujetas y sujetos políticos. Eso no es cualquier cosa.

¡Que nos devuelvan lo que nos han robado, urge transformar todo el Estado!

r Mauricio Chaulón (Plantones por la Dignidad, Otra Guatemala Ya y Seminario de Teoría Crítica).

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